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25 de Julio 2018

Día 3, 24 de julio. Historias de primera mano. CVX con olor a oveja (o pollo)



Austen Ivereigh, experto en la vida de Papa Francisco nos ayudó a hacer la composición de lugar para la experiencia de inserción que tendríamos este tercer día en la parroquia fundada por el Papa hace casi cuarenta años. Rafa, el jesuita a cargo de la parroquia, nos animó al encuentro con la iglesia local que dio cause y formó el espíritu pastoral del entonces Padre Bergoglio.

Tras caminar unas 8 cuadras nos esperaba la cabecera parroquial y con ella el primer cubetazo de agua misional: el Papa Francisco decidió fundar este primer templo en las antiguas instalaciones de un criadero de pollos. Esto nos ubicó en un contexto donde las propias comodidades no tienen la última palabra, ni la primera, ni ninguna. La misericordia nos empuja a salir hacia nuestros hermanos, ya sea que estén en un templo bello, una plaza pública, o un gallinero. Con alma de pastores, los cevequianos nos dispusimos “a oler a pollo”, o a oveja, como nos invita el Papa.

Después de la cabecera parroquial caminamos unas cuadras hacia la primera capilla, de San Alonso Rodríguez. Los jóvenes nos recibieron haciendo una valla humana mientras cantaban y aplaudían. Los vimos tan alegres y convencidos de querer hacernos sentir bienvenidos que ahí comenzaron nuestras lágrimas de gozo.

Repartidos en más de 25 equipos, visitamos familias o espacios de servicio social y juvenil de la parroquia. Fuimos esperados con gusto y con deseo. Nos compartieron sus experiencias de enfermedad, migración, muerte, suicidio, violencia familiar, pobreza y sinsentido, pero también de resurrección, perseverancia, confianza en Dios, y de servicio misional hacia los más necesitados de su parroquia. Ovejas ayudando a ovejas, usando sus propias casas como desayunadores para niños pobres y convirtiéndose en misioneros casa por casa en su propio barrio. Esto despertó en nosotros el deseo de compartir con ellos las experiencias que hemos vivido, las buenas y las malas. Al calor de la charla nos regalaron café, pan horneado en casa, dulce de leche, y toda la confianza que ponen en Dios y en su misión. Mientras caminamos con ellos hacia el lugar de la eucaristía final seguimos platicando con ellos como nuevos hermanos. Algunos niños jugaban fútbol detrás del altar dispuesto para la misa a mitad de un parque público. El viento soplaba frío, pero la asamblea cantaba con toda la calidez del encuentro.

Al regresar a casa y compartir en plenario la experiencia, la consolación nos saltaba húmedamente por los ojos. Salimos pastores seguidores de Francisco, y regresamos ovejas -quizá pollos-, seguidores agradecidos de Jesús. Si en algo habremos de fundar el discernimiento de los próximos días es en esta experiencia de hacernos hermanos en Cristo, y de compartirlo como nuestro principio y fundamento, capaz de abrir paso a la esperanza en medio de la angustia del mundo. Nos reconocimos ovejas al salir al encuentro de otras. Éstas, las que celebran en un antiguo gallinero, nos recordaron quiénes somos, quién es nuestro pastor, y dónde está el sentido de la vida.

Jorge Ochoa SJ (México)