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29 de Julio 2018

Día 8. Historia de primera mano. Sabiamente Ignorantes



Ignacio seguía al Espíritu, no se le adelantaba. Sabiamente a la escucha, plenamente confiado en la Gracia, para ir a donde Dios le iba llamando. Así he sentido estos primeros días de asamblea, sin claridad respecto al futuro pero con confianza en Dios y en quien nos acompañaba.

Desde el comienzo, Mau puso en el centro la gracia que buscamos mayor profundidad e integración de nuestro carisma CVX en el mundo de hoy. El camino estaba apenas trazado en tres grandes movimientos: 1) reconocer las gracias recibidas en nuestros 50 años de historia, 2) ser testigos del momento de kairos compartiendo la fe con la gente del barrio, e 3) identificar y dar nombre a la Gracia de nuestra comunidad hoy.

Los dos primeros movimientos se presentaban de forma más concreta, más tangible. Recordar, rezar, compartir y celebrar nuestra historia. Vivir y agradecer el encuentro con Arupa, entre nosotros, con la gente del barrio y con nuestras hermanas y hermanos CVX que compartieron el día abierto con la asamblea. El tercer tiempo, que arrancó con la recogida de lo recibido en los días anteriores, proponía una aventura espiritual de búsqueda del nombre de gracia que Dios regala hoy a CVX. Ese es el nombre con el que hoy Dios llama a CVX, nuestro ser más profundo y verdadero, aquello que tiene un significado secreto para quienes compartimos esta vocación y que evoca un sueño del alma que dinamiza nuestra vida y nuestra misión.

Con ánimo y liberalidad, la asamblea se puso en manos del equipo ESDAC, que nos ha ido dando modo y orden. La pedagogía de los ejercicios ha inspirado nuestro camino. En un ciclo repetido de oración personal, conversación espiritual en pequeños grupos y en asamblea hemos ido recibiendo nuestra identidad: el nombre por el que Dios nos llama y nuestro pecado. Hemos experimentado nuestro principio y fundamento y, con Jesús, hemos reconocido el pecado institucional que nos paraliza y no nos permite ser plenamente la comunidad que el Señor sueña.

Algunas otras ayudas han sostenido nuestra búsqueda. ARUPÁ, la comunidad de servicio, con mimo y de forma acogedora ha preparado la casa y los medios para nuestro discernimiento. Distintos símbolos han creado un clima propicio y han mostrado el proceso y sus frutos. Entre ellos, la línea de tiempo de la historia de la CVX, las estampas intercambiadas con la gente del barrio, el rostro de Cristo construido con las fotos de nuestros rostros, la luz de las velas, el mate que nos da la palabra en el pequeño grupo o los cantos. Quizá el apoyo más silencioso pero más hondamente sentido ha sido la oración de la CVX en cada rincón del mundo. Nos ha hecho sentir que realmente eramos la CVX en discernimiento.

Dos momentos han sido especialmente significativos para mí. El primero, el cambio en la disposición de nuestra tienda del encuentro. La asamblea, dispuesta en semicírculos mirando hacia el estrado, se trasformó en comunidad que se sienta en círculo, se mira los rostros, y dispone un espacio en el centro para el Señor, y para compartir los regalos que recibimos en la oración y el compartir. El segundo, la contemplación de nuestro pecado institucional. Los grupos, quietos como estatuas representaron nuestro orgullo, nuestro autocentramiento o nuestras divisiones. Contemplar nuestro pecado, y acogerlo ayudandonos unos a otros a recuperar la movilidad me hizo tocar y acoger nuestra fragilidad.

Ciertamente, el Señor se ha hecho presente, el Espíritu ha hablado en y a través de cada persona y del grupo. Hoy hemos recogido el fruto de estos días con un agradecimiento profundo. La gracia que pedíamos se nos ha concedido. Hemos profundizado en nuestra vocación y tenemos deseos de llevar de vuelta a casa tanto bien recibido para ponerlo al servicio de la Iglesia y del mundo. Esta CVX pecadora - perdonada ha experimentado un proceso de conversión. Nuestro corazón desborda el amor que hemos recibido de Dios estos días.

Cecilia Martínez (CVX España)